domingo 29 de enero de 2012

A otro ritmo

síndrome de down

Un día al entrar en una Iglesia, escuché que alguien tocaba el órgano a un ritmo que se me antojó demasiado  lento, me pareció que no era lugar ni momento para un ensayo tan tedioso. Aunque lo hacia sin equivocar ni una sola nota, su música surgía con dificultad. Al acercarme pude conocer al artista, era un muchacho con síndrome de Down al que acompañaban sus padres. Me quedé desconcertado. Valoré entonces la música y a su interprete de otra manera. Pensé que en verdad el que estaba fuera de lugar era yo, demasiado lleno de mi mismo. 

2 comentarios:

  1. Tu relato es emocionante no tanto por la música tediosa sino por el muchacho con síndrome de Down. Contra los que de una manera u otra destruyen vidas humanas, surgen estas criaturas de Dios que generalmente son el tesoro más grandes de sus padres. Cuantos se habrán quedado por el camino sin posibilidad alguna no ya de tocar el piano u otro instrumento, sino el que nos hayan privado a muchos de nosotros de dejarnos ver en sus caras la sonrisa de Dios.

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  2. Pues si. Es el valor del esfuerzo
    Perdona por no escribirte, Sergio. Llevo una temporadita, enfn, ya me entenderás

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