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Nuestras ciudades se transforman durante estos días en un auténtico escaparate de toda clase de productos y adornos que crean ambiente festivo, pero no siempre trasmiten el verdadero sentido de lo que estamos celebrando.
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Al recordar la Roma que dejé, y la Valencia en la que me encuentro, se me ocurre pensar que detrás de todas esas luces que sobre iluminan nuestras calles se abre paso, --no sin dificultad--, una luz que seguira brillando aún después de que se retire todo ese despliegue de watios y potencia.
Bonita entrada!
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